No es personal… es de supervivencia

Oscar Medina

El sector que lidera Danilo Medina dentro del Partido de la Liberación Dominicana soportó durante demasiado tiempo las majaderías de una minoría insurrecta. Eligió el camino del comedimiento y la prudencia, y contuvo los deseos de imponer su mayoría con la esperanza de que algún momento el sosiego y la sensatez hicieran acto de presencia.

Pero eso cambió el pasado lunes cuando el presidente Medina, no sólo descartó la posibilidad de intentar una segunda reelección consecutiva, sino que también declaró abierta la guerra en el PLD. Acusó a ese sector minoritario de orquestar una campaña de desinformación y descredito con la intención de minar el apoyo popular a su persona y al gobierno, utilizando “una agresividad verbal despiadada, irrespetuosa y desconsiderada”.

Y dejó entrever cuál será su respuesta cuando hizo mención a las novedades y desafíos del proceso electoral que se avecina, y pidió que se “inyecte sangre nueva” a la vida política.

Fue el “no hay marcha atrás” del danilismo, que en las primarias abiertas de octubre hará uso de cuantas armas y recursos tengan a su alcance para derrotar al leonelismo en todos los niveles de elección.

Y es que Danilo está obligado a impedir la reelección diferida de Leonel. No por un asunto personal o como respuesta sanguínea a un enojo coyuntural… Se trata de su supervivencia política.

Porque Leonel no está detrás de la candidatura presidencial, sino del liderazgo hegemónico del PLD, lo que pasa por sacar para siempre a Danilo del escenario electoral; jubilarlo mandarlo a criar nietos… Por eso nunca se abrió a un entendimiento para propiciar una modificación constitucional que le habilitara para las elecciones del veinticuatro y no lo admite ni siquiera ahora, ya descartada la posibilidad de una reforma para la reelección consecutiva.

Sin embargo Fernández incurrió en un error de cálculo, pues si las matemáticas no fallan, Danilo vencerá en las primarias apoyando a un candidato de su corriente. Lidera una amplia mayoría y cuenta con la popularidad, el tiempo y los recursos para hacerlo; sólo debe asumirlo con determinación y firmeza, sin dejar cabos sueltos; nada al azar.

Pero si los astros se alinean a su favor, y Leonel termina convertido en candidato presidencial del PLD… Se equivocan quienes proclaman que Danilo está “obligado” a apoyarlo.

Si van a comparar la actual coyuntura política con eventos del pasado reciente, no hurguen en el PRD de los años ochenta del siglo pasado; examinen mejor lo acontecido a mitad de los noventa.

Cuando un nonagenario líder, impedido y apartado a las malas, con campañas de descrédito e intervenciones foráneas, eligió un “alita corta” de entonces y lo hizo Presidente… Se convenció que el mayor peligro para su legado histórico era la llegada al poder del cáustico adversario y su soliviantado entorno… Y como el candidato de su partido le resultaba inconveniente, acudió al recurso externo.

Y en este momento, con el actual estado de situación, un posible retorno de Leonel al poder representa para Danilo una amenaza mucho mayor, de lo que alguna vez significó una presidencia de José Francisco Peña Gómez para Joaquín Balaguer.

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